Carlos Rodríguez, el marido que mató a su esposa tras dispararle en la cabeza en 2009 en Varela, recibió la máxima pena del Tribunal Oral Nº 5
El Tribunal Oral Nº 5 de Quilmes condenó a prisión perpetua a Carlos Rodríguez, el marido que mató a su esposa de un tiro en la cabeza en noviembre de 2009 en la casa que ambos compartían en Florencio Varela. Los padres de Karina Silva, la víctima agradecieron a los magistrados la resolución y aplaudieron junto a otros familiares al conocerse la decisión. De acuerdo al criterio de los jueces Martín Mata, Gustavo Fariña y Mónica Rodríguez, que votaron por mayoría, Rodríguez mató a Silva en la vivienda que ambos compartían y tuvo intención de cometer el homicidio en virtud de la resolución dada a conocer en la víspera. Además considerar como agravante la condición de esposo de la fallecida. Para el tribunal quedó acreditado durante el proceso oral y público que Carlos Rodríguez mató a su pareja en la casa que residían el 5 de noviembre de 2009 en el Barrio La Sirena de Florencio Varela. Los magistrados consideraron como pruebas relevantes los relatos de los testigos que pasaron durante el juicio como así las pericias que se incorporaron en la causa y la declaración del imputado donde se refirió al accionar del arma con la que mató a Karina Silva reconociendo que el gatillo se accionó por su responsabilidad. Asimismo, se tomaron en cuenta las lesiones que la mujer tenía en sus manos lo que indican que utilizó mecanismos de defensa ante "el inminente ataque", descartando así la primera versión de Rodríguez que referían a un accidente. A comienzos de enero de 2010 y con el resultado de la autopsia del cuerpo de Karina, además de distintas pericias balísticas, el titular de la Unidad Funcional de Instrucción Nº 1 Descentralizada de Florencio Varela, doctor Darío Provisionato, dispuso la detención del marido de Karina, Carlos Alberto Rodríguez. Fue así que el personal policial irrumpió en un domicilio de la calle Gaboto al 4200 de Remedios de Escalada, donde concretó la detención. En el lugar se secuestró ropa íntima femenina, fotografías del núcleo familiar, revistas pornográficas y películas de alto contenido erótico. Con la posterior reconstrucción del trágico episodio, las contradicciones en que cayó Rodríguez permitieron ratificar el resultado de todas las pericias, concretadas por los investigadores del caso. En consecuencia, con los elementos colectados en el proceso por mayoría los magistrados se pronunciaron por la pena de prisión perpetua para Rodríguez por ser responsable de "homicidio calificado por el vínculo" en perjudicio de Karina Silva. De esta manera, el tribunal hizo lugar al pedido en los alegatos del fiscal Alfredo Samprón Noel y del particular damnificado, Claudio Caro. Además desestimaron la solicitud del defensor particular de Rodríguez, Ignacio De Franco, de procesar por falso testimonio a dos familiares de la víctima.
Reconocimiento
Rodríguez había pedido perdón a los familiares durante el juicio: "dije toda la verdad de lo que pasó cuando declaré, se trató de un accidente, pido perdón a mis suegros y a todos los que les he causado dolor, fui negligente, fue una torpeza de mi parte lo que pasó", fueron las últimas palabras que dijo Carlos Rodríguez antes de escuchar la pena a prisión perpetua. Cabe recordar que el 5 de noviembre de 2009 el ahora condenado de homicidio baleó a su propia esposa en el interior del domicilio conyugal, de la calle Pedro Morán, del barrio La Sirena, aduciendo que la confundió con un delincuente en la oscuridad de la escalera. Para tal fin disparó con un pistolón al cuerpo del presunto desconocido y a menos de dos metros de distancia. La mujer alcanzó a decir "no" y poner sus manos en forma defensiva para frenar el disparó que a la postre la matara en el acto y quebrara los dedos de sus manos. Silva regenteaba una peluquería en la planta baja del inmueble del matrimonio. Al escuchar ruidos en horas de la noche descendió por la escalera que une la planta alta con la salida a la calle. Su marido entonces con el pistolón le disparó en la oscuridad.
GUILLERMO TRONCOSO